Ciertas o no, hace cerca 41 años se construyó en este espacio que ocupa la carrera 40 entre calles 42 y 46 un conjunto de casas, pero con el paso del tiempo las viviendas comenzaron a presentar grietas y tuvieron que ser desalojadas. El terreno tenía una falla geológica que hacía inestable el suelo y por lo tanto inhabitable.
el tiempo, de las casas solo quedaron vestigios y una en especial se mantuvo lo suficientemente bien como para ser ocupada por 10 años por un grupo de habitantes de calle y recicladores.
Los habitantes de la Casa del Diablo
En semana santa del año 2012, Iván Reina, director y productor general del documental, “Los habitantes de La Casa del Diablo”, decidió ir en busca de esa casa embrujada de la que tantas historias había escuchado con el fin de tomar algunas fotografías.
Detrás de un montón de matorrales, con algo de temor por las advertencias de que lo podrían robar las personas peligrosas que rondaban esta casa, entró con la terquedad que lo caracteriza.
Muy contrario al lugar siniestro que le describían, Reina encontró un sitio tranquilo, con un ambiente rodeado y atrapado por la naturaleza. Tras unos minutos en el lugar, pudo escuchar una voz. No era un espanto, se trataba de ‘Fercho’, uno de los habitantes más antiguos del lugar.
“Con lo que me dijo me bastó para generar muchas dudas y preguntas… pensar a largo plazo en poder crear algo como trabajo de grado, pero una película que hable de la ciudad, de esa intención mía de reivindicar personas o prácticas que se miran con tanto perjuicio…”, cuenta Reina.
A final del 2012 Iván, bogotano de cuna y que ha vivido toda su vida en la capital, volvió a Bucaramanga durante un mes en donde tiene familia, con el fin de investigar y conocer con mayor profundidad qué pasaba en ese lugar que a los habitantes de sus alrededores generaba tanto temor, no solo por los mitos del diablo, sino por los robos y consumo de drogas que denunciaban.
En este tiempo, además de ‘Fercho’, conoció al ‘Gomelo’, al ‘Hippie’, al ‘Diablo’ y al ‘Viejo’, entre otros. En promedio siempre habitaban el lugar 10 personas, algunas permanentes. Así pudo darse cuenta no solo de que se trataba casi que de una familia, sino de personas que soñaban embellecer su casa, que tenían mascotas y que además esperaban que en algún momento la gente les dejara de temer.

… Cuando yo llegué lo que vi fue personas con sus cuartos, sus cosas, sus mascotas… tenían puertas. No sé, uno empieza a evaluarse y se da cuenta de que ellos dignifican esto y que lo único que quieren es un lugar digno para pasar sus días…”, relata el director del documental.
La mayoría de sus habitantes si bien eran consumidores de estupefacientes, pasaban la mayor parte del tiempo reciclando por la ciudad y llegaban al lugar a descansar.
Pero, ¿qué tan diabólico era este lugar? ¿De verdad se trataba de su casa?
“Este lugar sí tenía una energía bastante pesada. La noche era un momento bastante tenso, les tocaba iluminar con velas y hogueras. En esa dinámica de estar tan confinados en la oscuridad y que los sonidos del bosque que los rodeaba se ponían más fuertes… la casa sí adquiría otra energía… en el tiempo que estuve jamás me asustaron, pero el hecho de que ellos vieran la casa como algo vivo sí cobró relevancia para la investigación y la película…”, comenta Iván.
Para estos recicladores era una extraña relación entre el amor porque la casa les ofrecía un lugar donde pernoctar cada noche, pero al mismo tiempo de temor por lo que decían que allí había pasado, como asesinatos, interrogatorios con torturas, sacrificios. Pues, aunque en el tiempo que estuvo Iván produciendo su película, no vio nada extraño más que unas personas que convivían de manera quizás distinta a la de muchas, no eran unos criminales, pero antes de ellos llegar sí aseguran que ocurrieron cosas muy malas.
“La regla número uno en la casa del diablo, por lo menos en el tiempo en el que estuve, era evitar los problemas. No meterse en líos legales, no encubrir a nadie, si la Policía los interrogaban decían la verdad …”.
Comentarios
Publicar un comentario